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Fedecamaras le responde a Alejandro Uzcátegui: ¿Ley de Cámara o Gremio Socialista? (Noticierodigital.com, 14-11-2009)
El Director Ejecutivo de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas, Victor Maldonado, responde a la propuesta del presidente de Empreven, Alejandro Uzcátegui, sobre la necesidad de construir una Cámara de Comercio “socialista”.
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Sábado, 14 de noviembre de 2009.
Fuente: Noticiero Digital.com

¿Ley de Cámara de la Economía o Gremio Socialista?

1. El señor Alejandro Uzcátegui se ha dedicado en los últimos tiempos a proponer una “Ley de Cámara de la Economía” para construir un gremio socialista y luchar contra la dictadura gremial.

( http://www.empresariosporvenezuela.com.ve/?id=1407&ids=9&accion=deta).

Este es el último de los encargos que le ha encomendado el gobierno nacional, luego de que pusieran en sus hombros el peso construir una organización empresarial alternativa que fuera capaz de sustituir la ética de las instituciones empresariales venezolanas, a cambio de la ofrecer jugosos contratos y créditos condicionados al sometimiento ideológico. Vale entonces aclarar al país cual es la opinión institucional de Fedecámaras sobre dicha proposición y sobre todo sobre las intenciones que las fundamentan.

2. A juicio del Señor Uzcátegui un gremio socialista tiene como principal función “alinearse con el gobierno nacional y garantizar que no se utilice el sistema económico para desestabilizarlo”. Una traducción casi literal de esa declaración descubre cual es la verdadera intención de la iniciativa: Cerrar cualquier opción al pluralismo, asfixiar cualquier posibilidad de crítica de los programas económicos adelantados por el gobierno, y obligar a las empresas a someterse a un régimen que es taxativamente “antimercado, antiempresa y antipropiedad”. Con esta iniciativa de construir un gremio socialista se quiere sumar a la empresa privada al colectivo con bozal de otras corporaciones, consejos comunales, organizaciones laborales, sindicatos, colegios profesionales e incluso instituciones religiosas, cuyo común denominador es el adjetivo socialista y el pliegue absoluto a la voluntad del gobierno nacional, aun en circunstancias francamente inconvenientes para el grupo que dicen representar.

3. Las organizaciones socialistas son en sí mismas una contradicción, pero sobre todo un divorcio estructural con los intereses de sus bases. Sindicatos que renuncian a la contratación colectiva, colegios profesionales que reniegan de las leyes de ejercicio profesional, y que permiten la presencia de profesionales sin calificación que compiten deslealmente con los profesionales venezolanos, comunidades que se resignan a la limosna condicionada y tardía, y grupos de trabajadores que siguiendo la línea más radical del gobierno llegan a destruir puestos de trabajo e inversiones privadas, para luego quedar bajo la mañosa mano del gobierno que no cumple sus obligaciones, utiliza la buena fe de los venezolanos y engaña sistemáticamente. Ejemplos los hay a lo largo y ancho del país. Un gremio socialista persigue como único fin el arruinar al país a través de la desestabilización de la economía libre y de mercado, plegándose a los controles, regulaciones, restricciones burocráticas, expropiaciones, discrecionalidad y todos los vicios que engloba la vasta gestión corrupta de los organismos del Estado. Una organización socialista es dependencia del rentismo público, pérdida de la productividad, y corrosión de las instituciones.

4. Las organizaciones socialistas se castran para la discusión pluralista. Se venden de entrada como palancas de la voluntad del gobierno, y se suman a la verdad oficial. Creen que problemas graves como el endeudamiento masivo, la escasez estructural, el racionamiento sistemático, el encarecimiento inclemente del alto costo de la vida y la rigidez de los controles, simplemente no existen sino en las mentes afiebradas de la oposición. Las organizaciones socialistas están prestas a contribuir con la ruina social del colectivo, al inhibirse de advertir que una economía inflexiblemente dirigida solamente puede conducir a la ruina social. Una organización socialista se vende como el apagafuegos de los desafueros del gobierno, y a cambio exige prebendas y privilegios que rápidamente se transforman en corrupción e ineficiencia.

5. El Sr. Alejandro Uzcátegui habla de la dictadura gremial. Si entendemos por dictadura un régimen despótico, que no respeta las reglas del juego democrático, centradas en las elecciones competitivas, balance intrainstitucional, rendición de cuentas sistemáticas, y respeto por la legitimidad de la vocería, entonces las dictaduras gremiales están en otros ámbitos diferentes a FEDECAMARAS. Desde el primero de enero de 2002, fecha en la que se fundó EMPREVEN, y hasta la fecha, (8 años y 11 meses), el presidente ha sido siempre el mismo. Alejandro Uzcátegui se ha mantenido en la conducción de su organización 8 años y 11 meses. Miguel Pérez Abad, presidente de Fedeindustria, otro tanto. En contraste, desde esa época al presente se han sucedido en Fedecámaras 6 presidentes y se han celebrado ocho asambleas nacionales. Lo mismo cabe decir de Consecomercio, Conindustria, Fedenaga, y una inmensa mayoría de las organizaciones y cámaras de base.

6. Una institución democrática y pluralista cumple los siguientes requisitos: Autonomía Económica, o sea, no depende del gobierno para lograr sus fines. Autonomía Dirigencial, en el entendido de que no negocia con el gobierno y otros sectores o grupos de interés, su vocería y los nombres de quienes los dirigen. Autonomía Ideológica, piensan en función de sus principios y valores, defienden los intereses de sus agremiados, no se comportan como voceros del gobierno, y pugnan dentro del debate pluralista para que su visión de país y sus propuestas sean escuchadas e incorporadas a la agenda de problemas nacionales y políticas públicas.

7. Una institución democrática no es una oficina de gestoría. Es por el contrario, parte de la sociedad civil organizada que produce control público y transparencia gubernamental. Por lo visto, los gremios socialistas no pueden cumplir con esos cometidos.

8. El Señor Alejandro Uzcátegui persigue construir una nueva lista de Tazcón, pero esta vez empresarial. Como es usual, el contenido del proyecto de ley no se conoce, ni se discute públicamente. Se dice que está siendo “pulida” con las asociaciones bolivarianas de empresarios, y que en su oportunidad se presentará a la Asamblea Nacional. Se dice que están discutiendo si es el gobierno el que va a nombrar la directiva de dicha asociación, o si es Empreven la llamada a gerenciarla. En sus declaraciones se cuela el sectarismo de siempre, la exclusión de siempre, el privilegio de siempre, y en el fondo, es un intento de legitimar a la boliburguesía que se ha generado como el producto de esta extraña forma de hacer negocios que se ha implantado en los últimos diez años, que por un lado genera cuantiosas fortunas, y por el otro expolia, expropia y confisca activos privados.

9. El Señor Alejandro Uzcátegui promete una organización para nuevas supervisiones, regulaciones y sanciones a los empresarios. Advertimos que en ese empeño llegó tarde. El cerco empresarial está montado desde múltiples flancos. Decenas de instituciones del Estado se precian de hostigar sistemáticamente al productor y al comerciante. Ministros, Presidentes y Superintendentes se sienten con atribuciones para expropiar ilegalmente, condicionar los derechos de propiedad y limitar hasta la asfixia las posibilidades de la libre empresa. Todavía hoy el gobierno tiene la deuda de explicar las razones de Estado que lo condujeron a cerrar empresas como RCTV y 34 radioemisoras de radio. Al señor Alejandro Uzcátegui no le importó la suerte de esas empresas. Tampoco la suerte de productores independientes, profesionales, empleados y obreros. Mucho menos que allí el gobierno haya dilapidado fuentes seguras de recaudación tributarias. Nada de eso es importante, porque el país no está presente en los cálculos del proyecto que él dice representar. Resulta por lo tanto patético que sea un empresario socialista el que compre y organice el lazo con el que luego el gobierno piensa colgar la libertad y el libre comercio.

10. Alejandro Uzcátegui tiene una concepción del empresario que no se ajusta a la realidad. Insiste en el empresario trasgresor y conspirador, que no existe, y niega al empresario responsable y socialmente sensible que genera y mantiene empleos, libra la batalla cotidiana por la calidad y la productividad, se resiste a la extorsión y al chantaje, y sobre todas las cosas, no va a abandonar el país para que una clase parásita se apropie de los activos honestamente producidos en largos años de esfuerzo. Ese empresario no existe para Alejandro Uzcátegui, así como no existen para el gobierno una sociedad democrática que se resiste al totalitarismo y a la represión sistemática de derechos y garantías.

11. Los gremios no se decretan. Existen o no existen. Son legítimos o no son legítimos. Tienen organizaciones de base o no. Fedecámaras tiene raíces en sus organizaciones de base centenarias, con más de un siglo de experiencia y contacto con la realidad venezolana. Han pasado gobiernos y políticas económicas. Han pasado dictaduras e intentos democráticos. Han pasado crisis y por supuesto, han ocurrido errores. Pero aquí continua, dando la batalla, en medio de inmensas dificultades, pero sin colocarse de rodillas frente a nadie.

12. El país debe ir registrando para la historia la posición de los hombres y de las instituciones. Que quede constancia entonces de uno de los escultores de la ruina nacional, cuando ella se haga definitivamente presente entre nosotros. Por esta ruta ya llegamos al descalabro de las empresas básicas, del sector eléctrico, del sector agroindustrial, del sistema de abastecimiento de aguas blancas, del sector de construcción de viviendas. Ahora tenemos un sector industrial colapsado, inflación, escasez y desabastecimiento. Que quede registrado que Empreven acusa a los empresarios de la catástrofe económica del país, mientras nosotros insistimos en que esa es una responsabilidad del presidente Chávez, de su gobierno, de su política económica y de su baja capacidad de gestión.

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